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Respuesta sexual humana

“Es mísero, sórdido y aún diría tétrico, someterlo todo al sistema métrico” Javier Krahe.

Cuando hablamos de sexo es frecuente incurrir en el uso de metonimias. Una de las manifestaciones sociales más claras de este fenómeno, aunque no la única, es confundir la erótica con el sexo. También acotamos lo corporal a lo genital y reducimos el placer al orgasmo. Así, significamos el sexo como aquello que se hace con los genitales para conseguir orgasmos.

Si buceamos en la raíz etimológica de las palabras, descubrimos que sexo viene de sexus, sexare, sección.. partir en dos. Para la sexología por tanto, el sexo es aquello que diferencia, distingue y clasifica a las personas en dos grupos: hombres y mujeres, con lo que de intersexuales tienen ambos. La posibilidad de expresión y encuentro corporal con uno mismo y con otros, tanto a nivel real, como virtual, es lo que llamamos dimensión erótica. Cuando hablamos de Respuesta Sexual Humana, en realidad estamos describiendo el proceso mediante el cual los hombres y las mujeres llegamos al orgasmo.

Pero, ¿qué es el orgasmo?. Todo nuestro cuerpo está lleno de unas terminaciones nerviosas altamente especializadas llamadas corpúsculos de Krause-Finger. La concentración más alta de estas terminaciones podemos encontrarla en el glande del pene, en el caso de los hombres, y en el clítoris, en el caso de las mujeres, aunque también existen otras zonas (lo que conocemos comúnmente como zonas erógenas) con abundantes terminaciones nerviosas. Estas terminaciones nerviosas, reciben estimulación, la transforman y la emiten al sistema nervioso central. La medula espinal recoge la energía no sólo de los genitales sino también de otros sitios que también tienen corpúsculos K-S y que producen un efecto sumativo y la envían al cerebro. En ocasiones esta información global que recorre en oleadas la médula espinal y llega al cerebro, podrá producir una especie de descarga epiléptica que podrá ser interpretada como orgasmo.

Cabe decir, que el orgasmo es una interpretación subjetiva del placer.

El orgasmo no mide el placer, es uno más entre los distintos placeres. Puede haber orgasmo sin satisfacción y satisfacción sin orgasmo. Es decir, se pueden tener orgasmos y calificar la vida sexual de insatisfactoria y tener una vida sexual satisfactoria sin orgasmos.

Pero entonces, ¿por qué nos empeñamos en cuantificar los orgasmos para valorar el nivel de satisfacción de nuestros encuentros eróticos? ¿Por qué seguimos creyendo que existen distintos tipos de orgasmos en función de la zona de donde proceda la estimulación?

Digamos que existen una serie de mitos infundados alrededor del orgasmo que, además de no tener ninguna base científica, nos llevan directamente a la frustración. Cuanto más irreales sean nuestras expectativas, mayor será nuestra sensación de malogro, falta o fallo. El origen de lo que se conoce como eyaculación precoz, en el caso de los hombres, y de la anorgasmia, en las mujeres, está relacionado con esa preconcepción errónea del sexo.

Algunos de los mitos más frecuentes que nos encontramos son:

  • Como ya apuntan los autores Silberio Saez Sesma y Santiago Frago Valls en su artículo “La Respuesta Sexual Humana”, alcanzar el orgasmo femenino mediante el coito como el sumun de la satisfacción sexual, no deja de ser una broma de mal gusto neurológica. Si aceptamos que el orgasmo es una interpretación subjetiva del placer, no podemos negar su posibilidad. Sin embargo, cuando las interpretaciones subjetivas adquieren el rango de norma social, y construimos a raíz de ello falsas expectativas que nos llevan a la insatisfacción, debemos trabajar para deconstruir el mito.
  • Existen distintos tipos de orgasmo: clitoriano y vaginal. La dopamina y la oxitocina cerebrales son las mismas independientemente de dónde proceda la estimulación. Por tanto, no hay distintos tipos de orgasmo, sino distintos tipos de respuestas orgásmicas en hombres y en mujeres.

En el hombre el orgasmo va acompañado de eyaculación tras la cual aparece el periodo refractario. De la vasocongestión pasamos a la detumescencia. Pérdida de erección y decaimiento del deseo. La duración de este periodo depende de la edad, la novedad de la
situación, la continuidado no de la estimulación, el tiempo transcurrido, el número de eyaculaciones previas.

Las mujeres, aún cuando en el plano psicológico algunas informan preferir finalizar la estimulación tras el orgasmo, carecen de periodo refractario a nivel fisiológico. Los llamados multiorgasmos entendidos como dos a la vez son un mito. Si por multiorgasmos entendemos orgasmos seguidos sin periodo refractario, estos estarían dentro de las posibilidades dela respuesta orgásmica femenina, más que de la masculina.
En cuanto a la existencia del punto G, aún no existen evidencias científicas suficientes para afirmar su existencia.

A continuación, intentaremos definir de manera resumida algunas de las dificultades más comunes relacionadas con la respuesta orgásmica:
Podemos estar excitados y no tener un orgasmo porque no estamos recibiendo la estimulación correcta. El aprendizaje y el  conocimiento personal serán imprescindibles para sacar partido a nuestros emisores. En ocasiones, aunque estamos recibiendo la estimulación adecuada, nuestro cerebro y nuestro cuerpo, debido a factores muy diversos, no están sintonizados. Una vez más, el conocimiento personal de cara a las propias preferencias en la sintonización, nos ayudará a buscar situaciones facilitadoras y evitar las obstaculizaciones.

A veces no falla ni la estimulación, ni la sintonización y sin embargo nos sentimos insatisfechos. Como hemos repetido anteriormente, cuanto más irreales sean las expectativas, más fácil será la insatisfacción.

Quizás deberíamos dejar de someter el placer a la lógica del cálculo, y tener como única meta aprender a disfrutar del viaje.

Pónganse cómodos