Archivos Mensuales: agosto 2014

De violaciones y postmachistas de izquierda

“ La falta de solidaridad y empatía se expresan
muchas veces con la crítica hacia quienes están en situación de desigualdad”

Llevamos semanas oyendo hablar de violaciones a algunos postmachistas en las redes sociales. Sí, habéis oído bien. Es el nuevo término para describir al machista de izquierdas de toda la vida, que con la misma carga patriarcal de siempre, pero con algunas nociones tergiversadas de feminismo, se otorga la autoridad para decirnos a las feministas cuánto nos equivocamos, y para,  sin apenas inmutarse, seguir dándonos a las mujeres un tratamiento de objetos de deseo, histéricas, infantiles, rencorosas, corta pollas, calienta pollas, moralistas, reprimidas etc……

A ellos va dedicado este artículo.

Después de leer vuestras opiniones, cualquier cosa que diga como mujer feminista quedará invalidada y será acusada de dogmatismo, caza de brujas etc….pero tengo por costumbre otorgarme la categoría de sujeto, y voy a decir exactamente lo que me salga del tuétano. Considero que vuestras acusaciones, carecen de peso y además, utilizan un tono altamente ofensivo para erigiros en una especie de “Voz de los sin voz” y distorsionar la realidad. Da igual que hayáis leído a Foucoult, Beatriz Preciado, Donna Haraway, Sandra Harding, etc..  Se huele el tufillo rancio a alcanfor en vuestras críticas, y se nota que no leéis para abrir vuestra mente, sino con un afán revanchista que da miedo, cuyo origen, quizás estaría bien analizar.

El feminismo, es un movimiento social y político que nace en el siglo XVIII y que tiene por objeto la emancipación de las mujeres, por considerar que han sido y son objeto de dominación en el seno de una cultura patriarcal. Además, desde entonces a nuestros días, y siempre en función del momento histórico y del contexto sociopolítico, se ha desarrollado de diferentes maneras. Por tanto, el movimiento feminista es diverso, heterogéneo y complejo. Sería más correcto hablar de feminismos, que de feminismo.

Ahora imaginemos, dando rienda suelta a nuestra creatividad, que el feminismo dogmático del que vosotros habláis, no es una construcción neurótica de quien han tenido conversaciones infructuosas con algunas compañeras en una discusión de bar, ni nace de discusiones en las que te sentiste desarmado a nivel teórico por feministas. Tomémoslo en serio, y pensemos que al igual que todo movimiento, el feminismo tampoco está a salvo de las relaciones de poder y autoridad que nos atraviesan a todas y todos.

Vale, lo acepto. Una concepción clásica del poder como un ente abstracto que se institucionaliza en el estado capitalista, y que es algo ajeno y está siempre fuera de nosotras mismas, a estas alturas de la película, me parece muy simplista. Está claro que el poder no sólo se ejerce, sino que se concede. Volviendo al tema del feminismo: el patriarcado se sustenta con la colaboración de las mujeres, igual que cualquier otro sistema de dominación se sustenta con la colaboración de los oprimidos. Pero claro, si nos quedásemos aquí, la nuestra, sería una crítica de corte liberal.

Todo es mucho más complicado y lo sabemos. La labor de ingeniería social que se pone en marcha para sostener la dominación de los hombres sobre las mujeres no está exenta de violencia, una violencia que en la mayoría de las ocasiones no deja cicatrices, ni marcas visibles. Por eso hay que tener cuidado con los discursos que desde una psicologización de lo social, acaban invirtiendo la causa y el efecto, para decirnos a las mujeres que nosotras nos lo buscamos, y poner a quienes detentan el poder en el lugar de la víctima. Sin ánimo de atender a lógicas maniqueas, pero creo que es necesario alertar sobre las posibles consecuencias de determinados análisis.

Hablemos de acoso sexual y de violaciones. No voy a entrar a discutir sobre los hechos del año pasado en Pamplona, porque los feminismos hicieron gala de su diversidad y al igual que pasa con otros temas en los que no hay consenso dentro del movimiento, se mostraron posturas y planteamientos divergentes. Es curioso en cambio, el silencio que rodeó a la comunidad masculina en este aspecto. Que ningún hombre alzara la voz para cuestionar lo integradísima que está en nuestra sociedad la cultura de la violación, y preguntarse por qué 500 tíos disfrutan metiéndole mano a una tía, es cuanto menos, preocupante. ¿Por qué todas las preguntas iban dirigidas al deseo femenino y nadie se cuestionaba el masculino?.

Hace escasas semanas, unos chicos han violado a una chica en una fiesta popular de Málaga, y los únicos hombres que ha hecho alguna declaración, han sido el propio alcalde de Málaga y  los de otras apacibles ciudades, para decir que tampoco había que darle una importancia desmedida, puesto que era algo que sucedía todos los días, para dedicarse a extender el mito de las denuncias falsas, y  para hacer declaraciones públicas de un nivel de machismo espeluznante.

No sólo hemos visto una vez más, como el proceso de denuncia de una violación, en muchas ocasiones, es mucho más duro que una violación en sí. En este caso, un desgarro vaginal, no ha sido suficiente y la justicia ha decidido poner en libertad a los supuestos violadores, quienes han sido recibidos en su pueblo con vítores de héroe, mientras que la chica no puede salir de casa, y a la experiencia de la violación, ha de sumar el linchamiento social por considerarla una mentirosa. Múltiples expertos, han denunciado que en tan poco tiempo de detención, es imposible que se hayan realizado los exámenes toxicológicos, forenses y psicológicos, para demostrar la inocencia de los acusados.

Y al hilo de lo ocurrido, nuestro gobierno nos ha dado a las mujeres una serie de recomendaciones para que bajo ningún concepto caminemos solas por la calle, porque si caminas sola por la calle a altas horas de la noche y te violan, ¿de qué te quejas? Ya te lo advertimos! La calle no es para las mujeres porque los hombres tenemos una sexualidad irrefrenable, más cercana al mundo animal que al humano y si vemos un cuerpo de tía, no nos podemos aguantar. Ellas se lo buscan, ellas nos provocan.

Pongámoslo un poco más complicado: una noche sales, tonteas y ligas con un hombre y te vas a la cama con él, pero cuando os nos estamos enrollando, decido parar, no quiero seguir. Pero el chico insiste, y me intenta convencer para seguir:  Independientemente de cómo acabe el asunto: ¿qué está sucediendo aquí? ¿Por qué no enseñamos a los hombres a no doblegar la voluntad de las mujeres?¿ por qué enseñamos a las mujeres a prevenirse para no ser violadas en vez de enseñar a los hombres a no violar?

Sobre la sexualidad masculina sigue pesando una idea de animalidad que es muy castradora para los propios hombres, y que justifica perfectamente la violencia sexual hacia las mujeres. Pues bien, la sexualidad humana está en el reino de la libertad, lo cual quiere decir que hemos superado el estadio animal, y nuestra sexualidad no está sujeta a instintos, ni es algo que irremediablemente haya que descargar para no morir, ni para tener mejor salud. Es una vieja idea freudiana, que como otras tantas, sigue estado muy vigente a día de hoy,  haciéndonos un flaco favor. La sexualidad humana no está sujeta a instintos, sino a pulsiones, y está regida por la ética del consentimiento. Somos libres para tener o no tener encuentros eróticos, o bien tenerlos, y parar cuando decidamos, cambiar de opinión si nos apetece etc. En definitiva, los seres humanos, podemos y debemos tomar decisiones sobre nuestra sexualidad.

En el imaginario colectivo, las mujeres siguen sin ser responsables de su sexualidad, es decir, aunque ya se reconoce que tenemos derecho al disfrute erótico, seguimos sin ser consideradas sujetos deseantes. Existimos para ser objeto de deseo de otros, generalmente hombres. Somos como mujeres guitarra: sonamos bien, depende de quien nos toque. Es curioso, seguimos sin ser dueñas de nuestra sexualidad, pero en cambio, todo apunta a que somos responsables de la sexualidad masculina, y, eso de calentar, para después nada, pues no se hace.

No acaba de entenderse, que mi cuerpo es mío y hago con él lo que quiero, y cuando digo NO es NO. Sea en el momento que sea. Tengo derecho a parar cuando quiera, sea en el momento que sea, aunque haya habido seducción y consentimiento previo. Las mujeres somos dueñas de nuestro cuerpo, y de nuestra sexualidad, y podemos movernos, bailar, contonearnos y vestirnos como nos de la gana, sin por ello, querer acostarnos contigo. Asúmelo. Y esto,  es algo que los hombres vivís como una ofensa, porque en el fondo nos seguís considerando objetos pasivos de vuestro deseo, en lugar de sujetos deseantes. La amenaza de ser considerada socialmente una buscona, funciona como elemento de presión que estaría bien desactivar, porque fuerza a muchas mujeres a tener relaciones que no desean por el miedo a qué dirán. Ahora bien, si por calientapollas, entendemos una mujer que es dueña de su cuerpo y su sexualidad, quizás deberíamos reivindicarnos como tal.

¿Dónde están las voces de nuestros compañeros para denunciar lo ocurrido en Málaga? ¿Por qué esa falta de solidaridad? ¿Empatía con los violadores? Os preguntáis: ¿Y si mañana me pasa a mi? O por el contrario, ¿sentís puñales atravesando vuestras vísceras, como los sentimos nosotras?.
Las denuncias, una vez más vienen de los feminismos. Somos nosotras las violadas, y nosotras quienes nos defendemos y denunciamos. Y no lo digo desde el victimismo, sino desde la autodeterminación y el empoderamiento.

Y ya que nos habláis del deseo con una insitencia casi morbososa con la que parecéis querer decirnos que a nosotras nos va la marcha, os conmino a intentar conectar con el vuestro propio, estudiarlo, cuestionarlo y ponerlo en duda. Deconstruir la masculinidad hegemónica es un paso hacia la emancipación.

Ser feminista es no hallar reposo en el autocuestionamiento porque sabemos que el cambio individual va de la mano de la transformación social. Pero el deseo no se cambia por el hecho de ponerlo en duda, criticarlo o ridiculizarlo, sino cambiando las condiciones de dominación que lo posibilitan. Se trata de politizar el amor, la dependencia, la vulnerabilidad y el cuidado desde la óptica de lo común y desde la ética de la similitud. Si no apostamos por crear estructuras nuevas, si no apostamos por derrocar aquello que sostiene la dominación patriarcal y la violencia simbólica, nuestra tarea será inútil. Las rebeliones individuales están muy bien, pero carecen de potencia transformadora y nos cargan de sentimiento de culpa.

En esta línea, una buena pregunta que podríais haceros para ver con honestidad cuál es vuestro grado de compromiso con el feminismo, sería: ¿Cuánto tiempo dedico a cuidar a los demás?
Pero sobre todo, para ganar necesitamos que los hombres renunciéis a vuestros privilegios, y sepáis identificarlos. Por tanto, si de verdad os interesa el feminismo, vuestra labor no está en decirnos a las feministas cuan dogmáticas somos, sino en cuestionaros a vosotros mismos y a vuestros compañeros. O también, podríais denunciar públicamente la persecución que están sufriendo los feminismos, en lugar de aprovechar la coyuntura para empatizar genitalmente con otros machistas. Insisto, las feministas no necesitamos hombres que tutelen nuestra lucha, necesitamos hombres solidarios. Vuestras compañeras, amigas, parejas, primas etc.. no queremos vuestra protección, sino vuestra solidaridad activa con la lucha de las mujeres. ¿POR QUÉ NO GRITÁIS CON NOSOTRAS?

Es un ejercicio de autoridad paternalista venir a decirnos a las mujeres qué debemos hacer y cómo lo debemos hacer.

Vuelvo a repetir, ya hay grupos de hombres que cuestionan la construcción sociocultural de la masculinidad, no dudéis en apuntaos, vuestro trabajo allí será infinitamente más útil.

Os invito a que abráis el mismo debate en el seno de la particular izquierda a la que cada uno pertenezca, seguro que encontráis más adeptos. Podríais poner sobre la mesa una pregunta ciertamente interesante: ¿por qué hay tanto antifeminismo entre los hombres de la izquierda?

Me preocupa la cada vez más coincidente crítica que se hace al feminismo desde los sectores más reaccionarios de la derecha, con el creciente antifeminismo expresado desde algunos sectores de la izquierda. En serio, tanto paralelismo me pone la piel de gallina. A vosotros, ¿no?

El feminismo dogmático, como lo llamáis vosotros, es una reacción a la invisibilización, falta de solidaridad y compromiso de nuestros propios compañeros de lucha, vida y cama para con la lucha feminista. Y este conflicto viene de largo, pero nos remontaremos a los años 30. Las Mujeres Libres tuvieron que aguantar la traición de sus propios compañeros, quienes les impidieron ser la cuarta organización del movimiento anarquista, y no entendían la voluntad de las mujeres de constituirse como organización propia.

Es esa misma falta de compromiso y solidaridad, la que hizo que el movimiento obrero desoyera las reivindicaciones de las mujeres, y a día de hoy los trabajos realizados por mujeres estén menos valorados socialmente y peor pagados.

Y esa es la misma falta de solidaridad y compromiso, cuando en una asamblea las opiniones de las mujeres son menos valoradas que las de los hombres o cuando en nuestro colectivo hay división sexual de tareas y cuando los hombres se eximen de la corresponsabilización de los cuidados en sus relaciones de amistad y de pareja.  O cuando nuestra forma de entender lo político está más cercana a una lógica de la guerra, que de la vida.

O cuando en nuestros encuentros eróticos con hombres, la relación se acabe cuando él se ha corrido.

Y la lista es larga.

Pienso en vuestro miedo a que, amparadas y legitimadas por siglos de dominación masculina sobre nuestras vidas,  nos erijamos en las nuevas opresoras, y la verdad, es que me da la risa. Según vosotros: ¿cuál es el plan feminista postmoderno para derribar el patriarcado y meter a todos los hombres en goulags? No sé si os dáis cuenta que vuestra reflexión se apoya en un paralelismo que es irreal y capcioso entre el machismo y el feminismo. No olvidemos, y así lo definen sus prácticas, que uno va del brazo de la dominación y se caracteriza por detentar y ejercer el poder autoritario, y otro, va del brazo de la liberación, y se caracteriza por luchar contra ese poder.

Y para acabar, y ya que os encantan los argumentos psicologicistas, no sé si habéis oído hablar de la teoría de los espejos. Responsabilizarse de uno mismo, y dejar de proyectar la propia neurosis en los demás, es un primer paso hacia la liberación. Las feministas no atendemos a pataletas infantiles de quienes están más preocupados por desplegar su “intelectualidad” que en trabajar(se), y demostrar su solidaridad activa con la lucha de las mujeres.

Os agradezco a todos tan espectacular salida del armario de lo políticamente correcto. Gracias por dejarnos atisvar la realidad sin estucos, ni florituras. Qué dulce es el dolor de la lucidez!

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