Aritmética amorosa: Aristófanes y la media naranja.

 El mito de la media naranja, según el cual, los seres humanos no nos completamos hasta hallar nuestra mitad, hunde sus raíces en El Banquete de Platón. Aristófanes, narra el mito del Andrógino, según el cual, en el inicio de los tiempos, los seres humanos eran redondos y perfectos. Tal era nuestra perfección, que nos comportábamos de manera arrogante, y los dioses decidieron castigarnos cortándonos por la mitad. A este corte o sección debemos el origen del sexo. Esa conciencia de nuestra vulnerabilidad y debilidad, nos hace entrar en un estado de búsqueda permanente de aquello que nos fue sesgado y seccionado. Anhelamos alcanzar el estado de perfección primigénea, y ese, es el origen del amor.

Así pues, una vez que la naturaleza de este ser quedó cortada en dos, cada parte echaba de menos su mitad y se reunía con ella, se rodeaban con sus brazos, se abrazaban la una a la otra, anhelando ser una sola naturaleza, y morían de hambre, por su absoluta inactividad, al no querer hacer nada los unos separados de los otros (….) desde hace tanto tiempo, pues, es el amor de unos a otros innato en los seres humanos y aglutinador de la antigua naturaleza que trata de hacer un sólo individuo de dos (….) cada uno de nosotros es, por lo tanto, una contraseña de otro, al haber quedado seccionados (….) en consecuencia, el anhelo y la persecución de ese todo recibe el nombre de amor (….) nuestra raza sólo podría llegar a ser feliz si lleváramos a su culminación el amor y cada uno encontrara a su propio amado, retornando a su antigua naturaleza.

Ahora bien, desde mi punto de vista, el mito de la media naranja es una relectura contemporánea y simplista del mito del Andrógino. Se falsea la idea original y se vacía de contenido para servir a la idea del amor romántico y de la pareja heterosexual. Para Aristófanes, el amor, era consecuencia del sexo ( tomos, sección, corte, sexare..), pero para los griegos de la época, en origen eran tres los sexos de los seres humanos: masculino, femenino y andrógino. Aparece aquí, por tanto, la idea de intersexualidad. Así, podríamos afirmar que para Aristófanes, el sexo es lo que permitía una conexión y autoconocimiento profundo de uno mismo, aquello que nos permite tomar conciencia de nuestra vulnerabilidad y al tiempo, anhelar la fusión con el otro. Ahora bien, en ese anhelo de retornar al estado originario, solemos pasar por alto con demasiada frecuencia ese tercer sexo, que para Aristófanes simboliza la sinergia intersexual.

Si recurrimos a la aritmética amorosa, podríamos decir, que para el mito de la media naranja, la perfección se alcanza con la fusión de dos que son diferentes y complementarios: hombre y mujer presumiblemente heterosexuales. Es decir, bajo esta lógica uno más uno es igual a uno.

Desde una postura, llamémosle mayoraitaria, dentro del ámbito de la sexología, se reclama la idea de una nueva aritmética amorosa donde uno más uno es igual a dos, independientemente del sexo de cada uno de los sujetos. Es el modelo de la naranja entera o interacción. Aquí se nos invita a ver el sexo como un valor, es decir, aceptar que somos diferentes (se insiste mucho en las diferencias biológicas). El buen desarrllo de una relación amorosa depende del manejo por parte de sus integrantes de una especie de comunicación intersexuada.  Es decir, no se habla del sexo en relación a la opresión o a la represión, sino que se incentivan los agentes diferenciadores y se nos invita a aceptar esa diferencia desde el valor, el gozo y la alegría. Mi pregunta es: ¿Y qué hacemos con la desigualdad o inequidad sexual? ¿No es la pareja uno de los espacios privilegiados para la reproducción de la desigualdad estructural histórica entre hombres y mujeres? ¿No están nuestras emociones estructuradas de forma patriarcal? ¿No es ahí donde las diferencias se vuelven insalvables y son cuna de profundos rencores y desencuentros entre los sexos?. Y por otra parte, como decía la teórica feminista de la diferencia sexual, Luce Irigaray: los sexos son dos, no es la fórmula de la respuesta, sino de la interrogación. La diferencia sexual no es, pues, algo dado, no es una premisa, es la cuestión que nos da que pensar y que, de ser pensada, daría lugar a un horizonte de mundos de una fecundidad todavía no advenida.

Propongo una nueva aritmética amorosa que recupere algunas ideas originales del mito del andrógino que son fundamentales para el desarrollo de una sexología feminista. De esta manera, lo único que haría posible el amor, no sería la fusión, ni la complementariedad, ni la percepción de nuestra vulnerabilidad, sino la conciencia de la sinergia intersexual. Es decir, la búsqueda de lo que nos es común, más allá de la genitalidad y de la orientación del deseo. El corte y la separación son el origen de la vida y el desencadenante de los que hoy somos. La conciencia de lo común como sinergia intersexual es aquello que posibilita el amor. Reconocernos como vulnerables nos humaniza, y nos hace anhelar la fusión, pero celebramos el corte, porque es aquello nos da singularidad y nos hace seres únicos e irrepetibles. Este modelo exige a ambos sexos una toma de conciencia de la desigualdad estructural que sufren las mujeres, y del daño que supone para ambos sexos haber recibido una socialización de género diferenciada. Además, exige de un compromiso en la flexibilización de roles y una actitud de solidaridad amorosa. No nos parece demasiado aventurado predecir, que cuando hombres y mujeres puedan crecer en un entorno cultural donde no sean presionados a obedecer al género, otras formas de quererse serán posibles. Traducido al lenguaje aritmético: uno más uno es igual a tres.

De violaciones y postmachistas de izquierda

“ La falta de solidaridad y empatía se expresan
muchas veces con la crítica hacia quienes están en situación de desigualdad”

Llevamos semanas oyendo hablar de violaciones a algunos postmachistas en las redes sociales. Sí, habéis oído bien. Es el nuevo término para describir al machista de izquierdas de toda la vida, que con la misma carga patriarcal de siempre, pero con algunas nociones tergiversadas de feminismo, se otorga la autoridad para decirnos a las feministas cuánto nos equivocamos, y para,  sin apenas inmutarse, seguir dándonos a las mujeres un tratamiento de objetos de deseo, histéricas, infantiles, rencorosas, corta pollas, calienta pollas, moralistas, reprimidas etc……

A ellos va dedicado este artículo.

Después de leer vuestras opiniones, cualquier cosa que diga como mujer feminista quedará invalidada y será acusada de dogmatismo, caza de brujas etc….pero tengo por costumbre otorgarme la categoría de sujeto, y voy a decir exactamente lo que me salga del tuétano. Considero que vuestras acusaciones, carecen de peso y además, utilizan un tono altamente ofensivo para erigiros en una especie de “Voz de los sin voz” y distorsionar la realidad. Da igual que hayáis leído a Foucoult, Beatriz Preciado, Donna Haraway, Sandra Harding, etc..  Se huele el tufillo rancio a alcanfor en vuestras críticas, y se nota que no leéis para abrir vuestra mente, sino con un afán revanchista que da miedo, cuyo origen, quizás estaría bien analizar.

El feminismo, es un movimiento social y político que nace en el siglo XVIII y que tiene por objeto la emancipación de las mujeres, por considerar que han sido y son objeto de dominación en el seno de una cultura patriarcal. Además, desde entonces a nuestros días, y siempre en función del momento histórico y del contexto sociopolítico, se ha desarrollado de diferentes maneras. Por tanto, el movimiento feminista es diverso, heterogéneo y complejo. Sería más correcto hablar de feminismos, que de feminismo.

Ahora imaginemos, dando rienda suelta a nuestra creatividad, que el feminismo dogmático del que vosotros habláis, no es una construcción neurótica de quien han tenido conversaciones infructuosas con algunas compañeras en una discusión de bar, ni nace de discusiones en las que te sentiste desarmado a nivel teórico por feministas. Tomémoslo en serio, y pensemos que al igual que todo movimiento, el feminismo tampoco está a salvo de las relaciones de poder y autoridad que nos atraviesan a todas y todos.

Vale, lo acepto. Una concepción clásica del poder como un ente abstracto que se institucionaliza en el estado capitalista, y que es algo ajeno y está siempre fuera de nosotras mismas, a estas alturas de la película, me parece muy simplista. Está claro que el poder no sólo se ejerce, sino que se concede. Volviendo al tema del feminismo: el patriarcado se sustenta con la colaboración de las mujeres, igual que cualquier otro sistema de dominación se sustenta con la colaboración de los oprimidos. Pero claro, si nos quedásemos aquí, la nuestra, sería una crítica de corte liberal.

Todo es mucho más complicado y lo sabemos. La labor de ingeniería social que se pone en marcha para sostener la dominación de los hombres sobre las mujeres no está exenta de violencia, una violencia que en la mayoría de las ocasiones no deja cicatrices, ni marcas visibles. Por eso hay que tener cuidado con los discursos que desde una psicologización de lo social, acaban invirtiendo la causa y el efecto, para decirnos a las mujeres que nosotras nos lo buscamos, y poner a quienes detentan el poder en el lugar de la víctima. Sin ánimo de atender a lógicas maniqueas, pero creo que es necesario alertar sobre las posibles consecuencias de determinados análisis.

Hablemos de acoso sexual y de violaciones. No voy a entrar a discutir sobre los hechos del año pasado en Pamplona, porque los feminismos hicieron gala de su diversidad y al igual que pasa con otros temas en los que no hay consenso dentro del movimiento, se mostraron posturas y planteamientos divergentes. Es curioso en cambio, el silencio que rodeó a la comunidad masculina en este aspecto. Que ningún hombre alzara la voz para cuestionar lo integradísima que está en nuestra sociedad la cultura de la violación, y preguntarse por qué 500 tíos disfrutan metiéndole mano a una tía, es cuanto menos, preocupante. ¿Por qué todas las preguntas iban dirigidas al deseo femenino y nadie se cuestionaba el masculino?.

Hace escasas semanas, unos chicos han violado a una chica en una fiesta popular de Málaga, y los únicos hombres que ha hecho alguna declaración, han sido el propio alcalde de Málaga y  los de otras apacibles ciudades, para decir que tampoco había que darle una importancia desmedida, puesto que era algo que sucedía todos los días, para dedicarse a extender el mito de las denuncias falsas, y  para hacer declaraciones públicas de un nivel de machismo espeluznante.

No sólo hemos visto una vez más, como el proceso de denuncia de una violación, en muchas ocasiones, es mucho más duro que una violación en sí. En este caso, un desgarro vaginal, no ha sido suficiente y la justicia ha decidido poner en libertad a los supuestos violadores, quienes han sido recibidos en su pueblo con vítores de héroe, mientras que la chica no puede salir de casa, y a la experiencia de la violación, ha de sumar el linchamiento social por considerarla una mentirosa. Múltiples expertos, han denunciado que en tan poco tiempo de detención, es imposible que se hayan realizado los exámenes toxicológicos, forenses y psicológicos, para demostrar la inocencia de los acusados.

Y al hilo de lo ocurrido, nuestro gobierno nos ha dado a las mujeres una serie de recomendaciones para que bajo ningún concepto caminemos solas por la calle, porque si caminas sola por la calle a altas horas de la noche y te violan, ¿de qué te quejas? Ya te lo advertimos! La calle no es para las mujeres porque los hombres tenemos una sexualidad irrefrenable, más cercana al mundo animal que al humano y si vemos un cuerpo de tía, no nos podemos aguantar. Ellas se lo buscan, ellas nos provocan.

Pongámoslo un poco más complicado: una noche sales, tonteas y ligas con un hombre y te vas a la cama con él, pero cuando os nos estamos enrollando, decido parar, no quiero seguir. Pero el chico insiste, y me intenta convencer para seguir:  Independientemente de cómo acabe el asunto: ¿qué está sucediendo aquí? ¿Por qué no enseñamos a los hombres a no doblegar la voluntad de las mujeres?¿ por qué enseñamos a las mujeres a prevenirse para no ser violadas en vez de enseñar a los hombres a no violar?

Sobre la sexualidad masculina sigue pesando una idea de animalidad que es muy castradora para los propios hombres, y que justifica perfectamente la violencia sexual hacia las mujeres. Pues bien, la sexualidad humana está en el reino de la libertad, lo cual quiere decir que hemos superado el estadio animal, y nuestra sexualidad no está sujeta a instintos, ni es algo que irremediablemente haya que descargar para no morir, ni para tener mejor salud. Es una vieja idea freudiana, que como otras tantas, sigue estado muy vigente a día de hoy,  haciéndonos un flaco favor. La sexualidad humana no está sujeta a instintos, sino a pulsiones, y está regida por la ética del consentimiento. Somos libres para tener o no tener encuentros eróticos, o bien tenerlos, y parar cuando decidamos, cambiar de opinión si nos apetece etc. En definitiva, los seres humanos, podemos y debemos tomar decisiones sobre nuestra sexualidad.

En el imaginario colectivo, las mujeres siguen sin ser responsables de su sexualidad, es decir, aunque ya se reconoce que tenemos derecho al disfrute erótico, seguimos sin ser consideradas sujetos deseantes. Existimos para ser objeto de deseo de otros, generalmente hombres. Somos como mujeres guitarra: sonamos bien, depende de quien nos toque. Es curioso, seguimos sin ser dueñas de nuestra sexualidad, pero en cambio, todo apunta a que somos responsables de la sexualidad masculina, y, eso de calentar, para después nada, pues no se hace.

No acaba de entenderse, que mi cuerpo es mío y hago con él lo que quiero, y cuando digo NO es NO. Sea en el momento que sea. Tengo derecho a parar cuando quiera, sea en el momento que sea, aunque haya habido seducción y consentimiento previo. Las mujeres somos dueñas de nuestro cuerpo, y de nuestra sexualidad, y podemos movernos, bailar, contonearnos y vestirnos como nos de la gana, sin por ello, querer acostarnos contigo. Asúmelo. Y esto,  es algo que los hombres vivís como una ofensa, porque en el fondo nos seguís considerando objetos pasivos de vuestro deseo, en lugar de sujetos deseantes. La amenaza de ser considerada socialmente una buscona, funciona como elemento de presión que estaría bien desactivar, porque fuerza a muchas mujeres a tener relaciones que no desean por el miedo a qué dirán. Ahora bien, si por calientapollas, entendemos una mujer que es dueña de su cuerpo y su sexualidad, quizás deberíamos reivindicarnos como tal.

¿Dónde están las voces de nuestros compañeros para denunciar lo ocurrido en Málaga? ¿Por qué esa falta de solidaridad? ¿Empatía con los violadores? Os preguntáis: ¿Y si mañana me pasa a mi? O por el contrario, ¿sentís puñales atravesando vuestras vísceras, como los sentimos nosotras?.
Las denuncias, una vez más vienen de los feminismos. Somos nosotras las violadas, y nosotras quienes nos defendemos y denunciamos. Y no lo digo desde el victimismo, sino desde la autodeterminación y el empoderamiento.

Y ya que nos habláis del deseo con una insitencia casi morbososa con la que parecéis querer decirnos que a nosotras nos va la marcha, os conmino a intentar conectar con el vuestro propio, estudiarlo, cuestionarlo y ponerlo en duda. Deconstruir la masculinidad hegemónica es un paso hacia la emancipación.

Ser feminista es no hallar reposo en el autocuestionamiento porque sabemos que el cambio individual va de la mano de la transformación social. Pero el deseo no se cambia por el hecho de ponerlo en duda, criticarlo o ridiculizarlo, sino cambiando las condiciones de dominación que lo posibilitan. Se trata de politizar el amor, la dependencia, la vulnerabilidad y el cuidado desde la óptica de lo común y desde la ética de la similitud. Si no apostamos por crear estructuras nuevas, si no apostamos por derrocar aquello que sostiene la dominación patriarcal y la violencia simbólica, nuestra tarea será inútil. Las rebeliones individuales están muy bien, pero carecen de potencia transformadora y nos cargan de sentimiento de culpa.

En esta línea, una buena pregunta que podríais haceros para ver con honestidad cuál es vuestro grado de compromiso con el feminismo, sería: ¿Cuánto tiempo dedico a cuidar a los demás?
Pero sobre todo, para ganar necesitamos que los hombres renunciéis a vuestros privilegios, y sepáis identificarlos. Por tanto, si de verdad os interesa el feminismo, vuestra labor no está en decirnos a las feministas cuan dogmáticas somos, sino en cuestionaros a vosotros mismos y a vuestros compañeros. O también, podríais denunciar públicamente la persecución que están sufriendo los feminismos, en lugar de aprovechar la coyuntura para empatizar genitalmente con otros machistas. Insisto, las feministas no necesitamos hombres que tutelen nuestra lucha, necesitamos hombres solidarios. Vuestras compañeras, amigas, parejas, primas etc.. no queremos vuestra protección, sino vuestra solidaridad activa con la lucha de las mujeres. ¿POR QUÉ NO GRITÁIS CON NOSOTRAS?

Es un ejercicio de autoridad paternalista venir a decirnos a las mujeres qué debemos hacer y cómo lo debemos hacer.

Vuelvo a repetir, ya hay grupos de hombres que cuestionan la construcción sociocultural de la masculinidad, no dudéis en apuntaos, vuestro trabajo allí será infinitamente más útil.

Os invito a que abráis el mismo debate en el seno de la particular izquierda a la que cada uno pertenezca, seguro que encontráis más adeptos. Podríais poner sobre la mesa una pregunta ciertamente interesante: ¿por qué hay tanto antifeminismo entre los hombres de la izquierda?

Me preocupa la cada vez más coincidente crítica que se hace al feminismo desde los sectores más reaccionarios de la derecha, con el creciente antifeminismo expresado desde algunos sectores de la izquierda. En serio, tanto paralelismo me pone la piel de gallina. A vosotros, ¿no?

El feminismo dogmático, como lo llamáis vosotros, es una reacción a la invisibilización, falta de solidaridad y compromiso de nuestros propios compañeros de lucha, vida y cama para con la lucha feminista. Y este conflicto viene de largo, pero nos remontaremos a los años 30. Las Mujeres Libres tuvieron que aguantar la traición de sus propios compañeros, quienes les impidieron ser la cuarta organización del movimiento anarquista, y no entendían la voluntad de las mujeres de constituirse como organización propia.

Es esa misma falta de compromiso y solidaridad, la que hizo que el movimiento obrero desoyera las reivindicaciones de las mujeres, y a día de hoy los trabajos realizados por mujeres estén menos valorados socialmente y peor pagados.

Y esa es la misma falta de solidaridad y compromiso, cuando en una asamblea las opiniones de las mujeres son menos valoradas que las de los hombres o cuando en nuestro colectivo hay división sexual de tareas y cuando los hombres se eximen de la corresponsabilización de los cuidados en sus relaciones de amistad y de pareja.  O cuando nuestra forma de entender lo político está más cercana a una lógica de la guerra, que de la vida.

O cuando en nuestros encuentros eróticos con hombres, la relación se acabe cuando él se ha corrido.

Y la lista es larga.

Pienso en vuestro miedo a que, amparadas y legitimadas por siglos de dominación masculina sobre nuestras vidas,  nos erijamos en las nuevas opresoras, y la verdad, es que me da la risa. Según vosotros: ¿cuál es el plan feminista postmoderno para derribar el patriarcado y meter a todos los hombres en goulags? No sé si os dáis cuenta que vuestra reflexión se apoya en un paralelismo que es irreal y capcioso entre el machismo y el feminismo. No olvidemos, y así lo definen sus prácticas, que uno va del brazo de la dominación y se caracteriza por detentar y ejercer el poder autoritario, y otro, va del brazo de la liberación, y se caracteriza por luchar contra ese poder.

Y para acabar, y ya que os encantan los argumentos psicologicistas, no sé si habéis oído hablar de la teoría de los espejos. Responsabilizarse de uno mismo, y dejar de proyectar la propia neurosis en los demás, es un primer paso hacia la liberación. Las feministas no atendemos a pataletas infantiles de quienes están más preocupados por desplegar su “intelectualidad” que en trabajar(se), y demostrar su solidaridad activa con la lucha de las mujeres.

Os agradezco a todos tan espectacular salida del armario de lo políticamente correcto. Gracias por dejarnos atisvar la realidad sin estucos, ni florituras. Qué dulce es el dolor de la lucidez!

Entrevista a Mar Cambrollé, presidenta de la Asociación de Transexuales de Andalucía, Sylvia Rivera.

“Las personas trans hemos sido borradas de la historia de las luchas, las conquistas y los logros del movimiento LGTB.”

Hemos tenido el gusto de conversar en Sevilla con Mar Cambrollé, activista infatigable en defensa de los derechos de las personas transexuales. Forma parte del movimiento de liberación sexual desde los años 70 y es una de las artífices de la Ley Integral de Transexualidad aprobada en Andalucía. Mar Cambrollé, una mujer de verdad, es el título de su biografía, recientemente publicada junto al periodista Francisco Artacho en la Editorial la Calle.

Explícanos en qué consiste la Ley Integral sobre Transexualidad aprobada recientemente, qué la diferencia de las leyes existentes en otros territorios?

Esta Ley es importante, porque viene propuesta desde el propio colectivo trans y no impuesta desde las esferas políticas. Hemos tenido que pelear mucho para que se nos reconociese como interlocutores válidos. Dentro del propio colectivo LGTB, las personas trans hemos sido borradas de la historia de las luchas, las conquistas y los logros. Es lo que llamamos el borrado trans. Siempre hemos estado tuteladas por lo que yo llamo el gaypatriarcado. El colectivo gay domina la lucha LGTB, así como los hombres dominan en todas las esferas de la sociedad. De ahí, que nuestras necesidades específicas nunca hayan sido una prioridad dentro del propio colectivo LGTB. Hemos de caminar de la mano porque tenemos un enemigo común: el heteropatriarcado, pero es importante que el colectivo trans hable en primera persona, sin tutelajes. Por otro lado, también hemos tenido que enfrentarnos a la ignorancia y arrogancia de los partidos políticos, a quienes sólo les interesa que la gente les vote, y para quienes las personas trans, representamos una cantidad nimia de votos, en comparación con el colectivo de gays y lesbianas.
Ha sido por tanto, una ley muy peleada, y la única que a nivel mundial reconoce el derecho a la autodeterminación del género y despatologiza la transexualidad de manera efectiva. Argentina, en marzo de 2012, aprobó una ley de Identidad de Género, que facilitaba el cambio de nombre en el registro civil, la nuestra, es una ley integral porque habla de todos los ámbitos donde podemos ser, y somos, objeto de discriminación: laboral, educativo y sanitario. Ahora bien, habrá que desarrollar reglamentos para hacer efectiva la ley antes de colgarnos las medallas. Necesitamos un reglamento sanitario que realmente cumpla con el texto y que descentralice la atención, porque la igualdad no es posible si me tratas de forma distinta al resto de las personas no transexuales. La ley del País Vasco y Navarra reconoce que la atención sanitaria tiene que ser a través de Unidades Especiales, en Andalucía, diferimos. No necesitamos tratamientos específicos, ni unidades específicas. Durante mucho tiempo, las personas trans hemos sido tuteladas por el estado y por la propia medicina, integrando el discurso biomédico. Actualmente, sabemos que no existen tratamientos específicos para personas transexuales: cualquier mujer no transexual que tiene el síndrome premenopáusico, necesita los mismos estrógenos que necesito yo, y esa mujer, no es derivada ni a una unidad especial, ni se le evalúa para descartar patologías mentales.
Mandarnos a unidades específicas es segregarnos, y la segregación es estigmatización, se rompe el principio de igualdad.

Profesionales de las UTIG (Unidades de Transexualidad e Identidad de Género) del Estado Español, la Sociedad Española de Endocrinología y Nutrición (SEEN) y la Sociedad Española de Psiquiatría (SEP) se oponían a la Ley. Qué opinión tienes al respecto?

Ellos han tenido una gran potestad sobre nuestras vidas, tienen su chiringuito montado, incluso algunos se autoproclaman expertos en transexualidad, aunque llevan años sin renovar su ideario, basándose en teorías obsoletas. Las personas transexuales, o cualquier colectivo objeto de estudio y mejora, debe poder hablar en voz propia. Por el colectivo trans siempre han hablado académicos, científicos, médicos etc.., pero no las propias personas transexuales. ¿Cómo hubieran reaccionado gays y lesbianas si para acceder a matrimonio entre personas del mismo sexo tuvieran que presentar en el registro civil un informe psicológico para demostrar que son gays de verdad y no nos están engañando? ¿Cómo reaccionarían las mujeres lesbianas que acceden a tratamientos de reproducción asistida si tuvieran una unidad especial solamente para lesbianas?
La igualdad no puede tener condiciones ni adjetivos, si no, no es igualdad.

En muchos medios de comunicación se sigue diciendo que las personas transexuales nacen encerradas en un cuerpo que no es el suyo.

Estos estereotipos han sido integrados por el propio colectivo, porque al igual que le ocurre al resto de la sociedad, somos permeables a aquello que se dice de nosotros. Hay definiciones del tipo: personas que nacen en un cuerpo equivocado, una mujer atrapada en un cuerpo de hombre, un hombre atrapado en un cuerpo de mujer, un error de la naturaleza, personas con un trastorno de la identidad, personas con una discordancia….Yo no discuerdo de nada, mi cuerpo no está equivocado, no soy una mujer atrapada en un cuerpo de hombre, soy una mujer con un cuerpo diferente al tuyo, y lo que lo hace diferente son unos cromosomas y una genitalidad, pero soy una mujer. Somos mujeres y somos hombres, dentro de ese abanico de la diversidad humana, donde ni todas las mujeres son iguales, ni todos los hombres tampoco.

Hay mucha confusión entre identidad sexual e identidad de género. ¿Podrías explicarnos cuál es la diferencia?

La identidad de género es la forma en la que me expreso como hombre o como mujer, y eso es en base a unos roles construidos cultural y socialmente. Las mujeres, no nos expresamos de la misma forma en Oriente y Occidente, ni lo mismo ahora, que hace 50 años. Varía en función de la situación geográfica y del momento histórico. La identidad sexual es la conciencia innata de sentirse hombre o mujer. La naturaleza es dicotómica, se expresa a través de hombres y mujeres, pero hombres y mujeres no binarios, sino diversos.
Vivimos en una sociedad excluyente con fobia a la diversidad, con patrones binaristas de género, y binaristas de cuerpo. Vivimos en una dictadura genital. Nacemos, nos miran la entrepierna y si tenemos pene, somos niños y si tenemos vulva, niñas. Además, se espera de nosotros que seamos heterosexuales. La genitalidad no determina ni la orientación, ni la identidad sexual.

Cómo ves las alianzas entre los feminismos y el movimiento transexual?

Creo que el feminismo se ha enriquecido con el transfeminismo, ya que hemos revolucionado el ideario de la identidad. Nosotras, no sólo somos objeto del machismo y del heteropatriarcado, sino del cisexismo, lo cual significa considerarse más auténtico y natural que una persona transexual, desde el privilegio de no serlo. “Soy más mujer que tú, porque no eres una mujer biológica”. Y entonces, qué soy? Una mujer biónica o robótica?
A veces, se acaba viendo la transexualidad como una postura transgresora con respecto a la identidad de género, algo de lo que estoy en contra. La postura queer es muy importante, ya que ha puesto en cuestión los valores binarios de género, pero desde mi punto de vista tiene una limitación: no investigan a fondo la identidad sexual. Al final, están negándonos nuestra identidad desde el otro extremo, porque sitúan la transexualidad como una construcción y una ideología transgresora. La transexualidad no es una ideología, ni una alternativa a nada, es un estado natural, una expresión más de la diversidad. Lo que me hace a mí ser transgresora no es la transexualidad, sino vivir en una sociedad estanca, donde la transexualidad no es considerada una expresión más de la diversidad humana, sino una enfermedad por los conservadores, y una ideología transgresora por los más radicales. No es ni una cosa, ni la otra.

En el caso de los menores trans, el tema de los inhibidores ha suscitado muchas suspicacias.

Nosotros, sin ser estudiosos, hemos visto, a través del área de menores de nuestra asociación, que desde el momento que se les reconoce su identidad, son niños que dejan los tics nerviosos, que dejan de tener problemas de concentración, que mejoran las notas escolares, que son extrovertidos. Luego viene la etapa prepuberal: un niño que ya está viviendo como niño desde los siete años, si cuando llega a los 12 años ve que su cuerpo se desarrolla de forma distinta a como ya está viviendo, le puede causar muchos problemas. Hay un estudio de Philadelphia sobre menores tran, donde el 80% de los niños piensan en el suicidio, y el 40% lo intenta. Los inhibidores de la pubertad no son tratamientos hormonales y son reversibles, si se suspenden, a los seis meses, se vuelve al estado de partida. No son peligrosos. Pero es que además, ya se utilizan en niñas no transexuales cuando les viene la regla de forma precoz. O sea, hay un trato discriminatorio en el acceso a los mismos tratamientos que la ciudadanía, por el hecho de ser transexual. No hablamos de la obligatoriedad de tomarlos, pero sí de tener acceso a los mismos en igualdad de condiciones.
Los inhibidores, no sólo evitan problemas de suicidio, sino que además evitan intervenciones agresivas posteriores.

Háblanos un poco del libro

El libro tiene dos partes. Una, de recuperación de la memoria del Movimiento Homosexual de Acción Revolucionaria, del cual formé parte. Una historia que ha sido catapultada porque, según mi hipótesis, en aquella época no era algo asumido por los grandes partidos. He tenido que enfrentarme a una izquierda ignorante y asustadiza con el movimiento de liberación sexual en los 70. Una época, donde ser activista no era una cuestión de estar subvencionado, donde ser activista por los derechos sexuales estaba pagado con la cárcel, donde no pegábamos carteles de papel, sino hacíamos pintadas en las paredes, donde no pedíamos permiso, sino ocupábamos las calles.
En una segunda parte, a través de mi experiencia vital, hablo de la sexualidad, de la transexualidad, del discurso médico, del borrado trans, de nuestra relación con el feminismo, hago una crítica de los partidos políticos porque vacían de contenido reivindicativo al colectivo LGTB y a todos los movimientos sociales. Han intentado institucionalizarlo todo, y solo quieren tener una serie de plataformas sociales que les aplaudan. Y en cuanto al colectivo LGTB, pues creo que el matrimonio igualitario también ha supuesto una verdadera trampa. Es un derecho que defiendo y he defendido, pero reproducir el esquema patriarcal y mercantilista del matrimonio significa vaciarlo de contenido y hacerlo asumible por un sistema capitalista, de mercado rosa, y patriarcal.

Entrevista publicada en catalán en el periódico La Directa el 25/07/2014 :

Respuesta sexual humana

“Es mísero, sórdido y aún diría tétrico, someterlo todo al sistema métrico” Javier Krahe.

Cuando hablamos de sexo es frecuente incurrir en el uso de metonimias. Una de las manifestaciones sociales más claras de este fenómeno, aunque no la única, es confundir la erótica con el sexo. También acotamos lo corporal a lo genital y reducimos el placer al orgasmo. Así, significamos el sexo como aquello que se hace con los genitales para conseguir orgasmos.

Si buceamos en la raíz etimológica de las palabras, descubrimos que sexo viene de sexus, sexare, sección.. partir en dos. Para la sexología por tanto, el sexo es aquello que diferencia, distingue y clasifica a las personas en dos grupos: hombres y mujeres, con lo que de intersexuales tienen ambos. La posibilidad de expresión y encuentro corporal con uno mismo y con otros, tanto a nivel real, como virtual, es lo que llamamos dimensión erótica. Cuando hablamos de Respuesta Sexual Humana, en realidad estamos describiendo el proceso mediante el cual los hombres y las mujeres llegamos al orgasmo.

Pero, ¿qué es el orgasmo?. Todo nuestro cuerpo está lleno de unas terminaciones nerviosas altamente especializadas llamadas corpúsculos de Krause-Finger. La concentración más alta de estas terminaciones podemos encontrarla en el glande del pene, en el caso de los hombres, y en el clítoris, en el caso de las mujeres, aunque también existen otras zonas (lo que conocemos comúnmente como zonas erógenas) con abundantes terminaciones nerviosas. Estas terminaciones nerviosas, reciben estimulación, la transforman y la emiten al sistema nervioso central. La medula espinal recoge la energía no sólo de los genitales sino también de otros sitios que también tienen corpúsculos K-S y que producen un efecto sumativo y la envían al cerebro. En ocasiones esta información global que recorre en oleadas la médula espinal y llega al cerebro, podrá producir una especie de descarga epiléptica que podrá ser interpretada como orgasmo.

Cabe decir, que el orgasmo es una interpretación subjetiva del placer.

El orgasmo no mide el placer, es uno más entre los distintos placeres. Puede haber orgasmo sin satisfacción y satisfacción sin orgasmo. Es decir, se pueden tener orgasmos y calificar la vida sexual de insatisfactoria y tener una vida sexual satisfactoria sin orgasmos.

Pero entonces, ¿por qué nos empeñamos en cuantificar los orgasmos para valorar el nivel de satisfacción de nuestros encuentros eróticos? ¿Por qué seguimos creyendo que existen distintos tipos de orgasmos en función de la zona de donde proceda la estimulación?

Digamos que existen una serie de mitos infundados alrededor del orgasmo que, además de no tener ninguna base científica, nos llevan directamente a la frustración. Cuanto más irreales sean nuestras expectativas, mayor será nuestra sensación de malogro, falta o fallo. El origen de lo que se conoce como eyaculación precoz, en el caso de los hombres, y de la anorgasmia, en las mujeres, está relacionado con esa preconcepción errónea del sexo.

Algunos de los mitos más frecuentes que nos encontramos son:

  • Como ya apuntan los autores Silberio Saez Sesma y Santiago Frago Valls en su artículo “La Respuesta Sexual Humana”, alcanzar el orgasmo femenino mediante el coito como el sumun de la satisfacción sexual, no deja de ser una broma de mal gusto neurológica. Si aceptamos que el orgasmo es una interpretación subjetiva del placer, no podemos negar su posibilidad. Sin embargo, cuando las interpretaciones subjetivas adquieren el rango de norma social, y construimos a raíz de ello falsas expectativas que nos llevan a la insatisfacción, debemos trabajar para deconstruir el mito.
  • Existen distintos tipos de orgasmo: clitoriano y vaginal. La dopamina y la oxitocina cerebrales son las mismas independientemente de dónde proceda la estimulación. Por tanto, no hay distintos tipos de orgasmo, sino distintos tipos de respuestas orgásmicas en hombres y en mujeres.

En el hombre el orgasmo va acompañado de eyaculación tras la cual aparece el periodo refractario. De la vasocongestión pasamos a la detumescencia. Pérdida de erección y decaimiento del deseo. La duración de este periodo depende de la edad, la novedad de la
situación, la continuidado no de la estimulación, el tiempo transcurrido, el número de eyaculaciones previas.

Las mujeres, aún cuando en el plano psicológico algunas informan preferir finalizar la estimulación tras el orgasmo, carecen de periodo refractario a nivel fisiológico. Los llamados multiorgasmos entendidos como dos a la vez son un mito. Si por multiorgasmos entendemos orgasmos seguidos sin periodo refractario, estos estarían dentro de las posibilidades dela respuesta orgásmica femenina, más que de la masculina.
En cuanto a la existencia del punto G, aún no existen evidencias científicas suficientes para afirmar su existencia.

A continuación, intentaremos definir de manera resumida algunas de las dificultades más comunes relacionadas con la respuesta orgásmica:
Podemos estar excitados y no tener un orgasmo porque no estamos recibiendo la estimulación correcta. El aprendizaje y el  conocimiento personal serán imprescindibles para sacar partido a nuestros emisores. En ocasiones, aunque estamos recibiendo la estimulación adecuada, nuestro cerebro y nuestro cuerpo, debido a factores muy diversos, no están sintonizados. Una vez más, el conocimiento personal de cara a las propias preferencias en la sintonización, nos ayudará a buscar situaciones facilitadoras y evitar las obstaculizaciones.

A veces no falla ni la estimulación, ni la sintonización y sin embargo nos sentimos insatisfechos. Como hemos repetido anteriormente, cuanto más irreales sean las expectativas, más fácil será la insatisfacción.

Quizás deberíamos dejar de someter el placer a la lógica del cálculo, y tener como única meta aprender a disfrutar del viaje.

Pónganse cómodos

La sexualidad está discapacitada

“Cada cuerpo tiene su armonía y desarmonía. En algunos casos la suma de armonías puede ser casi empalagosa. En otros el conjunto de desarmonías produce algo mejor que la belleza”
Mario Benedetti “Teoría de Conjuntos”.

En los últimos años hemos asistido a importantes avances en la realidad cotidiana de las personas con discapacidad. Gracias a transformaciones en las convicciones sociales y en la conciencia colectiva, se trabaja para fomentar que las personas con capacidades funcionales diferentes (ya sean motrices, sensoriales o intelectuales) formen parte activa de la vida social; saliendo del duro aislamiento tradicionalmente asignado y reivindicando sus derechos.

En este camino, todavía existen muchas asignaturas pendientes, entre ellas, la sexualidad ¿Por qué sigue siendo un tema tabú hoy en día? ¿Por qué a la sociedad le cuesta tanto reconocer que TODAS las personas estamos preparadas física, psíquica y socialmente para vivir y desarrollar nuestra sexualidad?

Los seres humanos somos seres sexuados, desde el momento en que nacemos hasta el final de nuestras vidas. La sexualidad conforma una parte esencial de nuestro desarrollo psico-social,
que vivida satisfactoriamente, es una fuente de felicidad, salud, y placer. Actúa como principio de equilibrio y bienestar, generando actitudes positivas hacia uno mismo y hacia los demás, potenciando la personalidad, la comunicación y la afectividad. Hablar de calidad de vida, autonomía o bienestar implica hablar de sexualidad.

En un mundo donde impera el culto al cuerpo, donde la erótica se viste de esculturales figuras de medidas imposibles, y en el que las relaciones sexuales se reducen a su forma coital, heterosexual, falocentrista y romántica, no podemos más que afirmar, que en este mundo en el que vivimos la sexualidad está discapacitada.

Este conglomerado de rígidos estereotipos sexuales que alimentan día a día los medios de comunicación, la industria del espectáculo y la cultura dominante, afecta directamente a nuestras vidas y a nuestras relaciones, aportándonos una buena ración de inseguridad, insatisfacción y fracaso a la hora de vivir la sexualidad positivamente.

El modelo de sexualidad que predomina en nuestras  “sociedades desarrolladas” excluye tácitamente a toda persona que se aleje de estos cánones. Diversidad en peso, talla, color, edad o capacidad motriz quedan en el extrarradio de lo erótico, reduciendo cruelmente este hermoso concepto, y haciendo de la erótica un arma discriminatoria para el grueso de la población.

Empiezan a surgir iniciativas para la superación de estos  obstáculos. Desde algunos colectivos y asociaciones se trabaja para que las personas con discapacidad” reciban educación sexual. Aparecen iniciativas artísticas que amplían nuestro concepto de lo erótico y hacen visible la sensualidad de mujeres y hombres con discapacidad manifiesta, como los fotográfos Rasso Bruckert (de Alemania) y Belinda Mason (de Australia) participantes en la IV Edición del Festival de Artes Integradas Escenamobile, realizando una muestra denominada “Erotismo y discapacidad”.

En el cine también podemos encontrar propuestas innovadoras con respecto a la visibilización de la sexualidad en la discapacidad. Películas como ‘Nacional 7’ (Jean-Pierre Sinapi, 2000) ‘Gaby, una historia verdadera’ (Luis Mandoki, 1987) o ‘The Cake Eaters’ (Mary Stuart Masterson, 2007) nos hablan sin tapujos de la importancia de la sexualidad en la diversidad funcional. También en el género documental encontramos obras como ‘Almas con sexo’, rodado en España y Dinamarca, en el que se muestra cómo personas con discapacidad viven su sexualidad y sus relaciones afectivas o el reciente proyecto documental “Yes, we fuck”.

A pesar de que en los centros, residencias y fundaciones, suelen obviar las necesidades sexuales de sus usuari@s, cominezan a surgir iniciativas que abordan el desarrollo sexual, destinando fondos para cubrir estas necesidades. Existen propuestas a nivel europeo (Suiza, Holanda y Dinamarca) donde en determinados centros, se ofrece asistencia sexual para personas con diversidad, regulando y dotando de formación a la figura del/la asistente/a sexual. A nivel privado, en el estado español podemos contratar servicios especializados. Estas propuestas, en ocasiones son muy criticadas e incluso a veces censuradas.

Todavía queda mucho camino por recorrer para que la sexualidad se entienda como algo natural, positivo y necesario. Por eso es importante abordar el tema con madurez, sin caer en tópicos o disfrazarlo de romanticismo y por supuesto, salir del enfoque médico desde con el que se trata mayoritariamente.

Aun se han de destruir barreras arquitectónicas, pero sin olvidar que también existen muchas barreras actitudinales que dificultan (puede que incluso más) el desarrollo emocional,
personal y social. Muchas veces éstas vienen por parte de nuestro entorno más inmediato (familia, amigos, educadores y profesionales).

Para liberarnos de todos estos obstáculos, es necesaria la implicación colectiva, empezando por uno mismo, pasando por los movimiento colectivos, para lograr derribar prejuicios sociales y que algún día, finalmente, todas y todos podamos tener la capacidad de vivir la sexualidad con mayor libertad.